I JUST CALL… TO SAY… ¡ TUS MUERTOS…!   (El insulto en la vida diaria)

Tengo que reconocer que, de alguna manera oscura, me encanta “South Park”.

 

Encuentro que es como un inmenso conjunto de situaciones absurdas, pero que a la vez pone de relieve de forma sangrante el que somos una sociedad pija y decadente en la que cada vez prima más la imagen sobre la inteligencia, y que conste que no me refiero a lo fácil, es decir a la aparentemente eterna batalla entre el aspecto físico y el intelecto, sino  a querer tener una imagen neutra,” friendly”, “no ofensiva” y “gluten free”, en lugar de ser honest@ y manifestar lo que realmente opinamos, aunque eso nos haga acreedores de críticas, y/o vejaciones.

 

Me explicare…

 

Probablemente, no solo me gusta porque su acido humor sin corrección política alguna encaja como un guante con el mío, sino también porque resulta un escaparate perfecto de esa “cultura canalla”, que ha hecho del insulto algo consustancial a la sociedad de hoy en día.

 

 Cuando la serie creada en 1997 por Trey Parker y Matt Stone decidió saltar a la gran pantalla, los espectadores que no conocían los antecedentes televisivos de “South Park”, quedaron fuertemente impactados por el hecho de que el nexo conductor de la trama fuera una cancioncilla interpretada por Terrance y Phillip, unos supuestos cómicos canadienses, que de forma intensa y repetitiva decía asi:

 

“Eres un cabrón hijo puta / un mamón y un pedorretas, hijo puta / Tu eres un capullo, y un cabrón, te jodes por ser tan mamón / Tu eres el cabrón hijo puta, el mamón y el pedorretas, hijo puta / Tu eres un mamón y un capullón, que le folle un pez al muy cabrón

 

(coro de pedos)

 

Eres un cabrón hijo puta / un mamón y un pedorretas, hijo puta / Un cara pedo y hueles mal, tu sí que estas podrido chaval / Hijo puta, cabrón, mamón, y algo más, hijo puta / ¡¡¡ Chúpamela!!!”

 

La película, a pesar de ser una oda deliberada al mal gusto y al insulto barato, fue todo un éxito, y, de hecho, partiendo de un presupuesto de 21 millones de dólares, consiguió recaudar unos muy respetables 83 millones, y, ¿Qué nos demuestra esto…?

 

Pues que la capacidad de insultar representa una parte consustancial del ser humano.

 

Pero esto va más allá de la posible comicidad, (o no),  de una película aislada, si nos remitimos al plano sociológico, como diría uno de estos PPP, (Pedantes Politólogos Progres), tan de moda en nuestros tiempos, y rascamos esa delgada capa de barniz que nos aporta la civilización hasta llegar al núcleo del mono primordial que conforma el origen del ser humano tal y como lo conocemos, probablemente, nos demos cuenta de que ya en esos tiempos, los protohumanos tenían algún tipo de comportamiento que les permitía insultarse los unos a los otros.

 

Y es que el insulto, no deja de ser en el fondo más que una actitud de desafío contra nuestros adversarios, algo que suelen usar los individuos para intentar demostrar que quien tienen enfrente ni les parece superior, ni les intimida, e incluso puede ser también una forma de manifestar su desprecio hacia determinadas situaciones, ya sean de peligro, de conflicto, o incluso de creencia.

 

De facto, el agravio no es algo que se mantenga inmutable en el tiempo, ya que adopta diversas fórmulas y matices, e incluso según el periodo histórico al que nos refiramos, una palabra puede variar su significado dejando de ser ofensiva, o pasando a serlo según la intención que se le atribuya. Un ejemplo simple, hoy en día, si fuéramos andando por la calle, y alguien arrojara su guante al suelo frente a nosotros, muy probablemente nos limitaríamos a intentar no pisarlo, y ni siquiera le concederíamos una mirada al que lo hubiera tirado a nuestros pies, en cambio, en la alta edad media, e incluso en el siglo XVIII, este insulto bastaría para que probablemente acabáramos batiéndonos en un duelo a muerte.

 

Otra muestra más, podemos encontrar en obras clásicas de la literatura, como el “Lazarillo de Tormes”, “La Celestina”, o incluso “El Quijote”, referencias a “hideputas”, un término que no solo se supone que definía a los hijos ilegítimos de las meretrices, sino que era empleado, asimismo, para insultar de forma grave, cuestionando la familia de la víctima.

 

 

Sin embargo, hoy en día, el tono de la palabra se ha suavizado bastante, y no resulta tan cruda como por ejemplo en la década de los 50, cuando todavía había un marcado desprecio social por las trabajadoras sexuales, y asi todo ha quedado circunscrito al tono en el que se pronuncia, y suele ser tan familiar encontrar a quien en una pelea, emplea la palabra para injuriar a su adversario, como a colegas que se tratan de “hij@puta”, dándole al vocablo un significado equivalente a “pícaro”, “ladino”, o “astuto”, y quitándole al hacerlo, toda la carga ofensiva que contiene.

 

 Y también deberíamos pararnos a pensar en lo importante que es el contexto en este tipo de palabras, expandiendo el concepto que os indicaba antes, el significado de un término, puede variar mucho, e incluso ser el contrario del habitual según en qué entorno se emplee.

 

Un buen modelo para entender esto, podría ser la palabra “nigger”, (negrata), en Estados Unidos, o el vocablo “maricón” en España. Ambos dos participan de las mismas premisas, son términos profundamente despectivos e insultantes que han sido “recuperados” por aquellos a los que hacen referencia, y asi, resulta corriente el uso de “nigger”, entre determinadas capas de la sociedad afroamericana como nexo de hermandad, no tolerándose, sin embargo, y considerándose racista su uso por personas blancas. Y lo mismo ocurre con el término “maricón”, durante muchísimo tiempo ha sido uno de los términos más despectivos que se podían usar sobre otro ser humano, hasta que a la comunidad “gay” se le ocurrió la idea de “rescatarlo”, utilizándolo de manera jocosa para salpicar determinadas conversaciones, y para interpelarse entre ellos, una suerte del “¡mutante, y a mucha honra!” que se usa como eslogan combativo en la película “X-Men: Primera generación”, que obviamente deja fuera de ese uso a todos los que no son parte del colectivo, lo que a fin de cuentas demuestra cómo se puede desmontar y desvirtuar cualquier ataque verbal de un adversario si en realidad se tiene la lucidez necesaria para atacar los puntos débiles de su argumentación.

 

Es más, tal es la gracia de la evolución del lenguaje “vejatorio”, que hoy en día, podríamos afirmar que, a la hora de menoscabar la imagen de alguien, llamarle “machista”, o “feminazi”, (según sea el caso), resulta muchísimo peor, que gritarle “hij@puta”.

 

¿Por qué sucede esto…?, pues la verdad es que como ya he dicho en numerosas ocasiones, no soy psicólogo ni sociólogo, pero, en mi experiencia, las palabras ofensivas, al igual que las criticas hirientes, solo tienen el poder que tú les concedas.

 

Es más simple de lo que parece…

 

Por ejemplo, si hay una persona que te acosa por una red social, y aprovecha cada ocasión que puede para vejarte, tienes tres posibilidades ciertas, la primera es desistir de entrar en dicha red, lo que a mí me parece erróneo, ya que es como si te rindieras y le cedieras la partida, (que es lo que pretende), también puedes reportar su actividad, y si tienes la picardía previa de recoger capturas de pantalla de todo, es muy muy posible que le cierren el perfil, esta sería la forma más fácil, o más legal de plantearlo, y asi además, prevendrías que se lo hiciera a otras personas. Por último, está la forma más difícil, pero a la vez más gratificante, estudia la actividad de ese perfil durante un tiempo y muy probablemente te darás cuenta de sus flaquezas, (piensa que los que se dedican a este tipo de acoso no suelen ser tan inteligentes como ellos creen), y una vez hallados los puntos débiles, ¡DESTROZALE SIN PIEDAD!

 

No dudes nunca que ante personajes asi, lo mejor es un buen bate de baseball, ya sea virtual, o real como la vida misma.

 

 

Y como última parte de este artículo, si puede llamarse asi sin con ello insultar a la verdadera tarea de los periodistas reales, me gustaría haceros una pequeña reflexión, si damos por hecho que los comics son un reflejo de la sociedad en la que vivimos, podremos observar en ellos la evolución de los insultos y las “palabras gruesas” desde hace unos cincuenta años hasta nuestros días.

 

En poco menos de medio siglo hemos pasado de escenificar los “tacos”, y palabras malsonantes como una nube de tormenta sobre la cabeza del protagonista en la que se veían calaveras, relámpagos espirales y otros grafismos, como podemos observar en las historias de “Mortadelo y Filemón”, o en las explosiones de verborrea del Capitán Haddock de “Las aventuras de Tintín”, hasta el abuso de palabrotas de connotación sexual, gestos de dedos crudamente explícitos y violencia extrema de los que podremos “disfrutar”, en las páginas de “Watchmen”, “Sin City”, “Hellblazer”, o la ahora tan en boga “The Boys”, un muy gran camino recorrido en un periodo de tiempo relativamente muy corto.

 

Durante la noche del sábado vamos a estudiar al dedillo por que somos tan dados a insultar...

 

Pero claro, no podía irme sin dejaros una pequeña perla musical “ad hoc”, ¡¡¿disfrutadla...?!!

 

 

 

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